Escribo estas líneas en el tren que me lleva de vuelta a casa. Llevo ya dos horas de viaje en las que he visto “Frost contra Nixon” y he pasado por lugares tan diferentes y variopintos como Miranda de Ebro, Vitoria, Pamplona y aún quedan Tafalla, Castejón de Ebro y finalmente Zaragoza. Pero bueno, contemos lo que ha dado de sí la última mañana en Burgos.
Concediéndonos Héctor y yo una hora cómoda para levantarnos, sobre las diez, nos hemos dirigido ya aseados al Monasterio de Las Huelgas, a unos quince minutos del centro de Burgos. Tuvimos la suerte de que nada más llegar comenzaba la visita guiada a este monasterio. La guía que nos tocó supo explicarnos de forma sencilla y ágil el recorrido por este gran complejo monástico. He estado más de una vez en Las Huelgas, pero la última vez no tendría ni diez años, así que mis recuerdos sobre este edificio del Patrimonio Real apenas son de un claustro y poco más. Las Huelgas es mucho más que eso: un enorme e importantísimo complejo religioso, lugar de entierro de gran parte de la realeza castellana de su tiempo, que consta de dos claustros, una iglesia gótica y otras muchas estancias para lo que en su día albergaba cientos de monjas de clausura. De origen gótico, el monasterio tiene obras mudéjares (enyesados en los techos, puertas) y también esculturas y retablos barrocos. En resumen, que junto a la Catedral es una visita obligada en Burgos.
Nuestro recorrido turístico terminaba allí, y nos faltaba recoger las maletas y dirigirnos hacia la estación. Estando ya a cincuenta metros de la estación la visión de lo que ahí había empezó a inquietarnos: una estación de tren vacía, con todas las puertas enladrilladas. ¿Acaso odían los burgaleses el tren? No, es que les ha dado por poner una estación nueva en el más lejano extrarradio de la ciudad. Menos mal que llegábamos con una hora de antelación porque pensábamos tomarnos un simple bocata en la estación. Un taxista aparcado en la vieja estación (se nota que esperaba la llegada de dos pardillos que no se hubieran enterado del tema) nos llevó a la nueva, muy moderna en la zona de nueva expansión de Burgos. Como detalle fuera del tema pasamos cerca del edificio que sufrió el atentado del miércoles. Tras tomarnos unos bocatas de lomo y queso y esperar en la vía del tren, Héctor y yo tomamons cada uno un tren para casa, creo que ambos satisfechos de estos cuatro días de vacaciones.
Ahora toca descansar, sacar las fotos de la cámara y volver a mi rutina veraniega. Aunque como ya me han sugerido, espero darle algo más de vidilla a este blog durante lo que queda de verano. Un saludo.
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