Móviles. Mi primer teléfono fue un móvil, incluso antes de tener un fijo. He tenido un largo historial de ladrillos, y nunca me ha gustado usar el móvil más que para llamar y mandar mensajes -dicen que se inventaron para eso-.
Por lo que veo, la gente en general se conforma con que cada año saquen móviles con una cámara más guay, permitan jugar con juegos superchorras y puedas poner politonos muy guays -¡yo soy tu gominola!-. ¿Qué tal la parte útil de tener un cacharro electrónico encima?
Desde que cayó en mis manos un PocketPC HP iPaq del año de la pera, con su odioso Windows CE, he querido comprarme un móvil que juntara cositas básicas como conexión a Internet para correo electrónico, agenda y reproductor de música. Y todo ello bajo una interfaz robusta, sencilla, funcional y personalizable. ¿Algo más…?, casi se me olvida: software libre o al menos, open source. Vamos, casi nada.
El iPhone es muy bonito, pero no tiene nada de libre. El T-Mobile G1 como concepto está bien, pero por lo poco que sé de él es que es feo de narices y que está más cerrado que un culo de muñeco. Y nada que comentar de los móviles con Windows Mobile -que encima te lo venden como un extra los muy jodíos-.
Quizás haya algo de esperanza al final del camino:
Nokia presenta su nuevo terminal táctil N97
Parece bonito, tiene Symbian, que no es la repera pero es open source, y un tecladillo y una pantalla táctil. Habrá que saber más datos de él -principalmente el precio- hasta decidir si es una buena elección, y entonces comprarme un cerdito de cerámica para meterle monedas -por la raja, esto…, no, por esa no, por la de arriba-.
Esto se relaciona directamente con mi teoría de los tres niveles de integración electrónica. Algún día os contaré.
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